Marruecos habla por una diputada y Ceuta sin respuestas

Rabat rompió ayer el silencio sobre Ceuta y Melilla, pero no por boca del Gobierno ni del rey. Lo hizo una diputada de la oposición de izquierda, Nabila Mounib, que el jueves 15 de octubre afirmó que Marruecos negociará con España la "recuperación" de las dos ciudades y las islas Chafarinas, según The Objective. Mientras tanto, en Ceuta, el presidente Juan Jesús Vivas llevaba dos meses y medio esperando respuesta a 18 preguntas. La asimetría lo dice casi todo.
Un mensaje sin firma oficial
Conviene medir bien lo que ocurrió. Mounib dirige el Partido Socialista Unificado, una formación marroquí minoritaria. Según el relato de The Objective, dijo que Marruecos sabe cuándo abrirá la mesa con España y que elegirá el momento. También descartó una guerra o un enfrentamiento: las relaciones, vino a decir, apenas empiezan a mejorar. Ligó esa mejora al giro de 2022, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez respaldó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara.
Ojo con la cadena de transmisión. El propio diario atribuye a un analista activista en X, Taleb Alisalem, la tesis de que el Ejecutivo marroquí eligió a Mounib como portavoz oficioso. Es una interpretación, no un hecho confirmado. Lo documentado es lo anterior: unas declaraciones públicas, de una parlamentaria sin cargo en el Gobierno, justo después de la visita de los Reyes a las dos ciudades.
Eso no las vuelve inocuas. En diplomacia marroquí el mensaje que no compromete a nadie es una herramienta clásica: se lanza, se mide la reacción española y, si el coste es alto, nadie lo ha dicho. Ayer ya analizamos el cálculo del silencio oficial en Rabat calla ante los Reyes en Ceuta. Esto es la segunda fase: el silencio institucional se completa con una voz que sí habla.
El contexto marroquí: gobierno nuevo, cartas nuevas
El momento no es casual. El Debate recuerda que Rabat dedicó la semana a la formación de su nuevo Gobierno, con Fatima Zahra El Mansouri al frente, y que el 14 de octubre el rey volvió a recibirla. Según ese diario, el 9 de octubre Mohamed VI advirtió en el Parlamento que no aceptará "presión, amenaza ni chantaje" desde España. Y no hubo protestas en la frontera, a diferencia de 2007, cuando Rabat llamó a consultas a su embajador por la última visita real.
El Español contó el 13 de octubre que Marruecos no envió representación de alto nivel a la recepción de la Fiesta Nacional en la embajada de España en Rabat, con la negociación del Gobierno como excusa. La coalición de PAM, Istiqlal, USFP y PPS suma 207 de 395 escaños, nueve por encima de la mayoría absoluta, tras unas elecciones del 23 de septiembre con una participación del 38,08 %, la más baja desde 2007. Un gobierno con legitimidad electoral modesta tiene incentivos para exhibir una causa nacional que cohesione. Ceuta y Melilla lo son.
Ceuta pregunta; Madrid calla
En el IV Foro Económico Español, celebrado en Ceuta el 15 y 16 de octubre, recogido por El Español, Vivas sostuvo que todavía permanecen en la ciudad unas 15.000 personas que entraron de forma irregular y calificó lo ocurrido el 30 de julio de "ataque premeditado, promovido por Marruecos". Sus 18 preguntas al Gobierno siguen, dice, sin contestar. Es una declaración de un presidente autonómico, no un hallazgo judicial: la atribución de intencionalidad a Rabat es una valoración política que otras fuentes sostienen y que el Gobierno central no ha asumido en esos términos.
El general Miguel Ángel Ballesteros, exdirector del Departamento de Seguridad Nacional hasta 2023, fue más lejos en el mismo foro. Advirtió de que el peor escenario sería una nueva oleada de unas 100.000 personas, alertó de posibles infiltrados de servicios secretos y militares y afirmó que la frontera "todavía no se ha reforzado". Son opiniones de un experto con pedigrí institucional, no datos oficiales. Pero un exresponsable de la seguridad nacional hablando así debería hacer saltar alguna alarma en Moncloa.
La piscifactoría: lo concreto detrás de la retórica
El dato más accionable de la jornada es menos vistoso. Según el mismo reportaje, Marruecos habría instalado una piscifactoría en aguas españolas y tendría aprobada una segunda. Ballesteros exige que se levanten, y añade que si no, "las levantamos nosotros". Dejemos aparte el tono. El fondo es una vieja táctica de zona gris: ocupar espacio marítimo con infraestructura civil, sostenerla en el tiempo y convertirla en hecho consumado. No hay disparos, no hay titular de apertura, y el derecho del mar se discute durante décadas.
Aquí cabe una cautela. El texto no aporta coordenadas ni documentación oficial de las instalaciones, y no la he podido contrastar con una segunda fuente. Es una alegación pendiente de verificar, y precisamente por eso es un objetivo natural para el seguimiento con imágenes de satélite y datos de tráfico marítimo abiertos.
Qué debería hacer España
Primero, responder. Dos meses y medio sin contestar 18 preguntas de una ciudad española en el centro de la crisis es una señal de debilidad hacia dentro y hacia fuera. Segundo, no convertir en agenda bilateral lo que Rabat insinúa por interpósita persona: aceptar la premisa de una "mesa" sobre Ceuta y Melilla ya es perder la partida. Tercero, documentar. Las piscifactorías, los movimientos de buques militares marroquíes que reveló El País y la presencia irregular acumulada en la ciudad son materias que se pueden medir y publicar con fuentes abiertas, sin depender de la versión de nadie.
Cuarto, y más incómodo: separar la cooperación migratoria del chantaje. El Debate apunta que Mohamed VI anunció un nuevo modelo de cooperación y que algunos analistas temen una factura mayor. Si el control de la frontera se vuelve una prestación a precio variable, España habrá externalizado su soberanía operativa por un cheque.
El patrón que se repite
Si se miran los últimos días, el esquema es reconocible: gesto simbólico de España (la visita real a Ceuta y Melilla, la primera en 19 años según El Debate), respuesta marroquí diferida, mensaje a través de terceros, y presión práctica en el terreno, sea migratoria, naval o pesquera. Ninguna pieza prueba por sí sola una estrategia coordinada, y sería un error de análisis presentarla como tal. Juntas, sin embargo, dibujan una conducta coherente: mantener abierta la ambigüedad, ganar margen negociador y cobrar en el Sáhara, en dinero migratorio o en reconocimiento. Un servicio de inteligencia serio trabaja con ese tipo de patrones, no con adjetivos.
Valoración
Lo de ayer no fue una amenaza, fue un sondeo. Marruecos ha probado con voz ajena una reivindicación que durante años formuló de modo más discreto, mientras estrena gobierno y afianza su posición en el Sáhara. España tiene el derecho y los medios para responder con firmeza y datos. Le falta, de momento, voluntad de explicarse ante los suyos.
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