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Rabat calla ante los Reyes en Ceuta: silencio con cálculo

15 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Muralla histórica frente al mar en un puerto mediterráneo

Felipe VI pernoctó en Ceuta el martes 13 de octubre y viajó a Melilla el miércoles. Es la primera visita de un rey español a las dos ciudades en casi dos décadas. Marruecos, que reclama ambas, no ha dicho nada oficialmente. Ese silencio de Rabat es la noticia, y conviene leerlo como lo que es: una decisión, no un olvido.

Lo que ha pasado y lo que no

Según la agencia EFE, recogida el 14 de octubre por Infobae, las protestas convocadas en redes para esos días no se materializaron. Castillejos (Fnideq) estuvo tranquila, con fuerte vigilancia fronteriza, y la frontera de Melilla no registró incidentes. El canal público principal marroquí ni mencionó el viaje. El Gobierno marroquí tampoco ha emitido condena ni comunicado.

Compárese con 2007. Cuando Juan Carlos I visitó Ceuta, Mohamed VI protestó con dureza y Rabat llamó a consultas a su embajador en Madrid; Mundiario recuerda que el embajador estuvo fuera casi dos meses. Esta vez, nada. Y Felipe VI, el martes, dijo que "Ceuta es España", frase que en Rabat no pasa inadvertida.

El silencio como herramienta

Hay tres lecturas posibles de que no haya respuesta oficial, y no se excluyen entre sí.

La tercera lectura es la más incómoda para España. Marruecos conserva todas las opciones y no se compromete a ninguna. Puede endurecer más tarde, en el momento y en el terreno que elija: control fronterizo, cooperación migratoria, pesca, cooperación policial.

La señal de la recepción del 12-O

Ningún ministro ni alto cargo marroquí asistió a la recepción de la Embajada de España en Rabat por la Fiesta Nacional. Rabat lo atribuye, según los medios citados, a las negociaciones de gobierno. Quizá sea cierto. Pero la ausencia coincidió con la víspera del viaje real, y Mundiario la describe como "cierta frialdad diplomática". En diplomacia, las coincidencias que se repiten dejan de ser coincidencias solo cuando se documentan; hoy es un indicio, no una prueba.

Hay otro dato que no encaja con la calma: el rey Mohamed VI criticó en el Parlamento el modelo de cooperación migratoria con España. Mundiario no lo vincula a la visita, y yo tampoco lo haré sin pruebas. Pero el calendario existe: crítica pública a la cooperación, ausencia en la recepción, silencio ante el viaje. Eso es un patrón de presión en frío.

La sombra de julio

La visita llegó dos meses después de la entrada masiva del 30 y 31 de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron de forma irregular de Fnideq a Ceuta. Organizaciones civiles hablan de al menos 140 muertos; Marruecos reconoció once, según EFE. Los Reyes rindieron homenaje en el cementerio musulmán de Ceuta, donde reposan 90 víctimas de aquel cruce. Fue un gesto inteligente: humaniza la presencia española y desarma el relato de que Madrid solo envía banderas.

La prensa marroquí lo entendió. Morocco World News valoró el homenaje, aunque exigió que incluyera a las víctimas de la Guerra del Rif, y vinculó las muertes con las políticas españolas de control fronterizo. Los grandes medios del reino lo silenciaron, mientras que los medios locales del norte sí lo recogieron. Esa fisura interna es una información útil para quien monitoriza la opinión marroquí.

Y está la cuestión naval. El Faro de Ceuta informó el 14 de octubre de que el PP exige la comparecencia urgente de Pedro Sánchez en la Diputación Permanente por la presencia de buques de la marina marroquí en aguas de Ceuta durante la crisis. La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, calificó aquello de "hecho puntual" y dijo que "no podemos temer represalias" por la visita, según Mundiario. Son posiciones políticas de cada parte, y así hay que leerlas. Lo que sí consta es que la segunda parte de esa frase es una apuesta: la ausencia de represalias hoy no es una garantía mañana.

Qué debería hacer España

Primero, no confundir quietud con distensión. Un Estado que calla porque piensa su respuesta es más peligroso que uno que la grita de inmediato. La calma en Castillejos tiene mucho de dispositivo de seguridad marroquí desplegado, y eso demuestra capacidad de control: Rabat puede abrir y cerrar la presión migratoria cuando quiera.

Segundo, preparar escenarios. Si Rabat espera a formar gobierno, el primer trimestre de su mandato es la ventana natural para un gesto. España debería tener definidas de antemano sus respuestas en frontera, cooperación policial y comercio, en lugar de improvisar ante el hecho consumado.

Tercero, vigilar el ecosistema informativo. Las convocatorias de protesta nacieron en X, de la mano de activistas y organizaciones afines, y se amplificaron en medios como Hespress. Que luego no hubiera protestas indica que la movilización es modulable desde arriba. Medir esa modulación es trabajo de inteligencia de fuentes abiertas: quién convoca, quién amplifica, quién se desactiva y cuándo.

Cuarto, y esto es político, no técnico: el Gobierno debería dejar de presentar como "normalidad" lo que sus propios socios y el PP leen como tensión. La normalidad se demuestra con política exterior, no con adjetivos.

El dato que Madrid no debería olvidar

Rabat no necesita una crisis para obtener resultados. Basta con que España modere sus gestos por miedo a la reacción. Si cada visita institucional a Ceuta o Melilla exige semanas de negociación previa y un cálculo sobre el calendario político marroquí, la soberanía efectiva se negocia en la práctica aunque nadie la discuta en el papel. Por eso importa que esta vez el viaje se hiciera, y importa más que se repita sin dramatismo. La normalización de lo normal es la mejor defensa. Y para sostenerla hace falta información propia, no depender de lo que Rabat decida filtrar a Hespress o Le360 cada mañana.

Valoración

La visita real era legítima y necesaria; Ceuta y Melilla son España, y que el jefe del Estado las pise no debería ser noticia. Lo es porque durante veinte años no ocurrió. Rabat ha respondido con una táctica madura: ausencia, ruido delegado y reserva de capacidad de acción. España ha ganado un gesto simbólico, no una garantía. El riesgo está en tratar el silencio marroquí como una victoria.

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