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Cumbre con Argelia aplazada: España negocia a la defensiva

2 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

Muralla de piedra de una fortaleza histórica frente al mar Mediterráneo

Moncloa ha dejado en el aire la cumbre bilateral con Argelia prevista para el 20 de octubre en Madrid, y lo ha hecho a una semana de que los Reyes pisen Ceuta y Melilla. La coincidencia de fechas no necesita conspiración: es la guerra híbrida marroquí funcionando como diseñó Rabat, sin disparar un tiro y condicionando la agenda exterior de España antes incluso de que nadie amenace.

Lo que se sabe del aplazamiento

Según The Objective, el Gobierno ha suspendido sine die el encuentro con Abdelmadjid Tebboune y lo comunicó a Argel "de forma inesperada", con los preparativos ya en marcha. Sería la primera cumbre bilateral de alto nivel desde la de abril de 2018, con Rajoy. No es una cita menor que se cancela por un malentendido de agenda.

Las fuentes diplomáticas citadas por ese diario apuntan a otra causa añadida: el malestar argelino por la puesta en libertad con medidas cautelares, el 4 de septiembre, del empresario Ayoub Aissiou, cuya extradición reclamaba Argel y que la Audiencia Nacional decidió no conceder. Es decir, hay al menos dos explicaciones en circulación, y el Ejecutivo no ha ofrecido ninguna oficial convincente. Esa ausencia de relato es en sí misma un dato.

Una visita real con 19 años de retraso

Felipe VI y doña Letizia viajarán a Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, sin Pedro Sánchez y con el "ministro de turno", en un viaje que Infobae describe como consensuado entre el Gobierno y la Casa Real. Es la primera visita del Rey a ambas ciudades desde su proclamación en 2014. La última de un jefe del Estado fue la de Juan Carlos I en noviembre de 2007.

Aquel precedente es la guía de lectura. Como recoge Infobae, Mohamed VI calificó entonces el viaje de "falta de respeto flagrante" al Tratado de Amistad de 1991 y de "acto nostálgico de una época oscura", horas antes de su discurso de la Marcha Verde. Esta vez, la agencia Hespress ya habla de "enclaves ocupados" antes de que el avión despegue. Rabat marca el marco narrativo con diez días de antelación.

Por qué importa el orden de los factores

Hay tres lecturas posibles del aplazamiento, y conviene separarlas.

Mi valoración: cualquiera de las dos últimas es una derrota táctica. Si se aplaza para no incomodar a Marruecos, España acepta que Rabat tiene derecho de veto sobre su política con un tercer país soberano. Si se aplaza por otros motivos, se paga el coste de la percepción igualmente, porque en Rabat y en Argel la lectura ya está hecha.

El telón de fondo: una crisis de verano sin cerrar

La visita llega tras la entrada masiva de finales de julio en Ceuta, coincidente con el aniversario del trono de Mohamed VI. Las cifras no cuadran entre fuentes: El Independiente habla de unas 30.000 personas cruzando sin resistencia de las fuerzas marroquíes, frente a las 8.000 de 2021, mientras que Infobae menciona más de 80.000 entradas. Una discrepancia de ese calibre dice mucho de lo opaco que sigue el balance oficial. Felipe VI ha llegado a calificar la situación de "inaceptable" y ha pedido más apoyo de la UE.

El mismo medio recoge la lectura de analistas según la cual Rabat busca presionar a España por su acercamiento a Argelia. Si esa tesis es correcta, el aplazamiento de la cumbre argelina es exactamente el resultado que la presión pretendía: que Madrid revise su relación con Argel sin que Marruecos tenga que pedirlo. Esa lógica ya la analizamos en Ceuta tras el 23-S: Rabat conserva el grifo migratorio.

Un nuevo Gobierno en Rabat, la misma palanca

El 29 de septiembre, Mohamed VI nombró primera ministra a Fátima Zahra El Mansouri, la primera mujer en el cargo, según Moncloa.com. El PAM obtuvo 97 de 395 escaños el 23 de septiembre, con participación de alrededor del 38%. Un Ejecutivo con base electoral débil y política exterior en manos del Palacio no cambia el patrón: las decisiones sobre Ceuta, el Sáhara y la frontera no se toman en la oficina de la jefa de Gobierno.

No hay que esperar una moderación por cambio de rostro. Hay que esperar continuidad con un nuevo escaparate.

Qué debería hacer España

Primero, recuperar el control del calendario. Una cumbre con Argelia es una pieza de política energética y migratoria propia; si hay razones sólidas para aplazarla, que se expliquen en público, con fecha de reprogramación. El silencio se interpreta como sumisión.

Segundo, no tratar la visita real como un riesgo que hay que amortiguar. Es el ejercicio normal de la soberanía. Si Marruecos retira a su embajadora, como se especula, el coste lo asume quien eleva el tono por un viaje de Estado a territorio español.

Tercero, blindar la frontera antes del 13 de octubre: refuerzo de inteligencia sobre redes sociales en árabe y francés, coordinación con Frontex y escenarios de contingencia, porque el patrón de 2021 y de este verano muestra que Rabat usa los momentos simbólicos para abrir el grifo migratorio. Lo analizamos desde otra perspectiva en Los Reyes en Ceuta y Melilla: la prueba para Rabat.

Cuarto, diversificar. Depender de dos vecinos del sur que se disputan la hegemonía regional y que se utilizan mutuamente como argumento de presión es una posición frágil. Hace falta una estrategia con Mauritania, Senegal, Italia y la UE que no pase por pedir permiso en Rabat o en Argel.

Valoración

Una cumbre cancelada no es una crisis. Un Estado que ajusta su política exterior a lo que pueda molestar a otro, sí lo es. España tiene intereses propios en Argelia, en Marruecos y en Ceuta y Melilla, y ninguno debería negociarse por goteo. Octubre será un termómetro: si la visita real transcurre con normalidad y la cumbre se reprograma en semanas, el daño será mínimo. Si no, habremos aprendido cuánto cuesta ceder la agenda.

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