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Los Reyes en Ceuta y Melilla: la prueba para Rabat

1 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Vista del Estrecho de Gibraltar desde Tarifa hacia la costa africana

El 13 y el 14 de octubre, Felipe VI y doña Letizia pisarán Ceuta y Melilla. Será la primera visita de los Reyes a ambas ciudades desde la de Juan Carlos I y doña Sofía en noviembre de 2007, según la agencia recogida por Infobae. El anuncio llega dos días después de que Mohamed VI nombrara primera ministra a Fátima Zahra El Mansouri. La coincidencia no es casual para nadie, y menos para Rabat.

Un viaje que España aplazó diecinueve años

Conviene empezar por la ausencia. Diecinueve años sin visita real a dos ciudades españolas no es una cuestión de agenda: es la prueba de cuánto ha pesado el chantaje diplomático. En 2007, Marruecos llamó a consultas a su embajador durante más de dos meses por un viaje de los entonces Reyes. Desde entonces, cada Gobierno español ha preferido ahorrarse el disgusto. Rabat aprendió la lección contraria: que la protesta funciona.

Que el viaje se fije ahora tiene una lectura directa. Tras la entrada masiva de julio en Ceuta, el Rey calificó lo ocurrido de "inaceptable", y recordó que se trataba de una frontera no solo española sino europea. El ministro de Exteriores ha respondido de antemano que los Reyes "no tienen que solicitar autorización a nadie". Es la frase correcta. Llega con diecinueve años de retraso.

La cifra que nadie se pone de acuerdo en dar

Un dato ilustra el problema de partida. Infobae habla de más de 80.000 personas entrando en Ceuta en julio; El Independiente manejaba el 31 de julio unas 30.000, frente a las 8.000 de la crisis de 2021. Las fuentes discrepan y conviene decirlo: no hay cifra consolidada pública que yo haya podido contrastar. Sea cual sea la buena, la magnitud supera con mucho a 2021, y el patrón se repite. Según el análisis que recoge El Independiente, intermediarios vinculados al régimen difundieron el mensaje de que la vigilancia fronteriza se había relajado, y los agentes marroquíes no opusieron resistencia tras el discurso del Trono del 30 de julio.

Ese es el rasgo que define la guerra híbrida: nada que se pueda atribuir con un papel firmado, todo con un beneficiario evidente. Marruecos no necesita enviar un solo soldado. Le basta con dejar de hacer algo.

La nueva primera ministra llega con un orden del día

Según Moncloa.com, Mansouri, del PAM, fue nombrada el 29 de septiembre tras unas legislativas del 23 con 97 de 395 escaños y una participación del 38%. Es la primera mujer en el cargo. Debe cerrar una coalición con el RNI (66 escaños) y el Istiqlal (65). Y ya ha puesto sobre la mesa el regreso de los menores marroquíes que están en Ceuta.

Fíjense en el orden de las piezas. Una primera ministra con una legitimidad electoral escasa, una coalición por cerrar, desempleo juvenil y precariedad como telón de fondo, y un asunto con España que da titulares fáciles. Un Gobierno débil en casa tiene incentivos para endurecer el tono fuera. Ya lo analizamos en Ceuta tras el 23-S: Rabat conserva el grifo migratorio: la frontera es la palanca que Rabat conserva al margen de quién gane las urnas.

La cuestión de los menores merece atención aparte. Se presenta como retorno humanitario. Funciona, además, como instrumento: obliga a Madrid a negociar caso a caso con Rabat sobre un asunto que ya es jurídicamente delicado, y convierte cada expediente en un favor que se cobra después.

Qué puede hacer Rabat el 13 de octubre

El repertorio es conocido y conviene enumerarlo sin dramatismo, porque casi todo es calibrable:

No todo eso va a ocurrir. Pero un servicio de inteligencia serio trabaja con el abanico completo y vigila los indicadores. En este caso son visibles en fuente abierta: movimiento en redes marroquíes de convocatorias hacia la frontera, cambios de despliegue en el lado marroquí, declaraciones del nuevo Ejecutivo y tono de la prensa afín al Majzén.

Lo que España no debería hacer

Primero, convertir la visita en un gesto aislado. Un viaje real sin una política detrás es una foto. La presencia del Estado en las dos ciudades se mide en inversión, en dotación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y en capacidad de reacción, no en un par de días de agenda institucional.

Segundo, pedir permiso o disculpas por adelantado. Cualquier mensaje ambiguo desde el Gobierno se leerá en Rabat como una puerta abierta a negociar la fecha, el formato o el alcance. No hay nada que negociar sobre ciudades españolas.

Tercero, dejar que el relato lo escriba solo Marruecos. La Unión Europea ya ha sido interpelada por el Rey en términos claros: España no puede afrontar sola una responsabilidad que es de todos. Esa es la línea que hay que cobrar en Bruselas, con hechos: respaldo explícito a la integridad de la frontera exterior, apoyo operativo y declaraciones de los socios antes del 13, no después.

El factor argelino

El mismo análisis que recoge El Independiente señala un posible detonante estratégico: el reciente acuerdo gasista de España con Argelia, que Rabat percibe como un refuerzo de su rival regional. Es una hipótesis de analistas, no un hecho probado, y así debe tratarse. Pero encaja con la lógica de siempre: cuando Madrid acerca posiciones con Argel, Rabat recuerda que controla la llave de la frontera. La visita real añade una capa simbólica a un tablero donde la energía, la migración y la soberanía ya se mezclan. Quien quiera entender el calendario marroquí debe mirar también hacia Argel.

Valoración

La visita es acertada y tardía. Acertada porque reafirma, sin una sola declaración beligerante, lo que ninguna cancillería debería poner en duda: que Ceuta y Melilla son España y, por tanto, Europa. Tardía porque diecinueve años de abstención dejaron a Rabat una ventaja psicológica que ahora hay que recuperar con constancia, no con un viaje.

El riesgo real no está en el comunicado de protesta, que llegará. Está en las dos semanas anteriores y posteriores, cuando una primera ministra recién estrenada, una coalición sin cerrar y un historial reciente de frontera abierta forman la combinación que mejor explica el comportamiento marroquí desde 2021. Mi lectura: veremos presión indirecta, no ruptura. Rabat sabe que la ruptura le cuesta más que a Madrid.

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