Jabaroot y la filtración: la guerra cibernética de Ceuta

El 18 de agosto un grupo llamado Jabaroot anunció en Telegram que tenía las bases de datos de la seguridad marroquí. A finales de mes publicó más de 70.000 nombres. Rabat lo niega todo. Esta es la guerra cibernética de Ceuta: un frente que se abrió tras el asalto del 30 de julio y que España debería seguir con más frialdad que entusiasmo.
Qué publicó Jabaroot y qué exigía
Según la reconstrucción de Moncloa.com, el 18 de agosto Jabaroot amenazó con difundir la lista completa del personal de los servicios de seguridad e inteligencia de Marruecos y afirmó poseer las bases de la DGSN y la DGST. Como prueba, dos capturas con agentes ordenados alfabéticamente, con fechas de nacimiento, de reclutamiento, números de identificación y rangos. Exigía responsabilidades por el asalto a Ceuta del 30 de julio y lanzaba amenazas veladas contra Abdellatif Hammouchi, que dirige ambos organismos.
El grupo no es nuevo. Apareció en abril de 2025 reivindicando el ataque a la Caja Nacional de la Seguridad Social marroquí, con datos de unos dos millones de empleados y 500.000 empresas. Es un historial de golpes a bases administrativas, no de operaciones de inteligencia fina. Conviene no olvidarlo cuando alguien lo presente como un servicio secreto en la sombra.
La filtración llegó después. The Objective cifra los datos en más de 70.000 personas que el grupo presenta como miembros de las fuerzas de seguridad y vincula con la crisis de Ceuta.
Lo que dice Rabat, y por qué merece atención
Las agencias marroquíes rechazan cualquier violación de sus sistemas. Sostienen que la información procede de aseguradoras y organizaciones sanitarias, que hay fotografías manipuladas y documentos falsificados, que aparecen uniformes imposibles y errores gramaticales evidentes, y que sus redes no están conectadas a internet abierto. Los datos ya no son accesibles en línea.
Dos cosas a la vez pueden ser ciertas. Una: que el negativo de Rabat es interesado, como el de cualquier servicio al que le roban la lista de personal. Otra: que los argumentos concretos, uniformes que no existen y erratas, son el tipo de detalle que un análisis técnico serio puede confirmar o desmentir. Hasta que alguien lo haga con acceso a los ficheros, la posición honesta es la de Mundiario: la autenticidad sigue siendo una de las grandes incógnitas.
Ese mismo análisis recoge indicios que no favorecen a Jabaroot: nombres de fallecidos y de antiguos empleados en el listado. Y recoge algo peor para todos, la conducta de las redes sociales, donde usuarios cruzaron nombres con causas judiciales sin pruebas suficientes y generaron acusaciones falsas que luego hubo que desmentir. Una filtración dudosa produce víctimas reales. Eso también es guerra de información.
Una guerra que España ya conoce, del lado equivocado
Aquí conviene el recordatorio incómodo. Como resume Escudo Digital, el Gobierno confirmó en mayo de 2022 que Pegasus había infectado los móviles de Pedro Sánchez y Margarita Robles, con 2,6 gigabytes extraídos del primero y 9 megabytes de la segunda. Un informe de 2022 señaló a Marruecos como posible responsable de espiar más de doscientos teléfonos españoles. Rabat lo ha negado siempre. La Audiencia Nacional archivó la investigación por segunda vez en enero de 2026, por falta de cooperación de Israel.
Más de cuatro años después, ni atribución ni consecuencias. Mientras tanto, la primera gran filtración de datos de la seguridad marroquí no procede de España ni de un aliado, sino de un grupo opositor sin verificar. El mismo texto de Escudo Digital subraya que no hay confirmación oficial marroquí ni verificación técnica independiente de las afirmaciones de Jabaroot. España no tiene aquí un triunfo que celebrar: tiene un vacío de capacidad que llenan otros.
Tres lecturas y cuál me parece más sólida
Primera lectura: hackeo genuino de un servicio marroquí, con un daño enorme. Es la que más conviene al relato español y la menos respaldada hoy. Segunda: datos reales pero de origen civil, aseguradoras y sanidad, empaquetados como si fueran de inteligencia. Encaja con lo que dice Rabat y con la presencia de fallecidos y exempleados. Tercera: mezcla de datos reales y material inflado para maximizar el ruido. Es la más prudente, y la que me parece más probable.
Sea cual sea, hay un efecto que no depende de la autenticidad. Ligar una filtración a Ceuta mete la crisis migratoria en el terreno de la contrainteligencia. El grupo pide dimisiones por el 30 de julio, es decir, trata el asalto como una decisión de Estado. Eso alimenta, sin probarlo, la tesis de que Rabat lo toleró o lo impulsó. Un actor no estatal puede así proyectar un relato que ni Madrid ni Bruselas han sido capaces de acreditar por vías oficiales.
El precedente que Rabat no quiere ver repetido
Hay una ironía que un servicio marroquí no puede disfrutar. Durante años la lectura dominante en Madrid ha sido la de un vecino con ventaja tecnológica y disposición a usarla; ahora Rabat tiene que dar explicaciones públicas sobre la seguridad de sus propios ficheros, con un aparato que presume de hermetismo. Que sea humo o fuego importa menos que la exposición: cada desmentido detallado obliga a un servicio a explicar qué sistemas tiene y cuáles no. Para un analista de fuentes abiertas, esa información involuntaria vale más que el listado. Y para España, un recordatorio de que la superioridad en este terreno no es permanente ni exclusiva de nadie.
Lo que debería hacer España
Primero, no comprar la filtración. Un Estado que cita como prueba un listado sin verificar acaba desacreditado cuando resulta que incluye a difuntos. La regla es simple: nada de datos de origen dudoso en comunicaciones oficiales.
Segundo, aprovecharla como alerta. Si el conflicto migratorio deriva en un conflicto cibernético entre redes marroquíes y argelinas, y ya hay actividad de ambos lados desde 2025, las instituciones españolas quedan entre dos fuegos sin haber elegido bando. Infraestructuras críticas, administraciones de Ceuta y Melilla y empresas del sector pesquero y logístico son blancos plausibles. Plausible no es probado; lo que sí es constatable es que el marco de riesgo ha cambiado.
Tercero, cerrar la deuda de atribución. Pegasus cumple cuatro años de silencio judicial. Un país que no atribuye no disuade. Cuarto, medir la desinformación asociada. Los bulos sobre nombres filtrados son una operación de influencia en pequeño, y se detectan mejor con monitorización sistemática que con demandas a posteriori.
Valoración
Lo documentado: una amenaza pública el 18 de agosto, una publicación de más de 70.000 nombres, un desmentido categórico de Rabat y ninguna verificación independiente. Lo plausible: que el episodio sea una mezcla de datos reales y ruido. Lo que no cabe afirmar: que Marruecos haya sufrido un golpe de inteligencia. Lo que sí importa a Madrid es otra cosa: la crisis de Ceuta ya no se juega solo en el Tarajal, se juega también en Telegram, y allí España llega tarde.
En DAVMAC desarrollamos herramientas de inteligencia y monitorización para empresas e instituciones en entornos de alta complejidad geopolítica; si su organización necesita seguir este tipo de señales, hablemos. Puede ver también nuestro análisis previo: Ceuta tras el 23-S: Rabat conserva el grifo migratorio.