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Ceuta y el rearme marroquí: la presión híbrida se blinda

29 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura

Valla fronteriza junto a un río en la frontera

Entre el 30 y el 31 de julio de 2026, según el análisis del general Jesús Argumosa Pila en Libertad Digital, entre 72.000 y 80.000 personas cruzaron a Ceuta. Dos meses después, la guerra híbrida de Marruecos contra España sigue sin respuesta a la altura, y el rearme marroquí le da el músculo que antes le faltaba.

Lo que pasó en Ceuta no fue un accidente

Argumosa sitúa el episodio en una línea de más de cincuenta años que arranca con la Marcha Verde de noviembre de 1975, cuando más de 350.000 civiles marroquíes entraron en el Sahara Occidental español. Pasa por el islote de Perejil en julio de 2002 y por mayo de 2021, con unos 10.000 irregulares en Ceuta. La cifra de 2026 multiplica por siete u ocho la de 2021.

Conviene precisar que esos 72.000-80.000 son la estimación de un autor concreto, con una tesis clara. Yo la trato como orden de magnitud y no como dato oficial. Lo que no admite discusión es el patrón: una frontera que se abre y se cierra según convenga a Rabat, sin que nadie rinda cuentas. A eso se le llama instrumentalización migratoria.

El mecanismo es barato. Marruecos no dispara un tiro, no cruza ninguna línea roja que justifique una respuesta militar y obtiene su efecto: colapso de servicios, tensión política interna en España y una Unión Europea que mira hacia otro lado. Rabat no necesita controlar cada incidente. Le basta con tener el grifo y decidir cuándo lo abre.

El músculo: qué compra Marruecos

Según el repaso de Escudo Digital del 26 de agosto, el inventario marroquí incluye 24 helicópteros de ataque AH-64 Apache, 384 carros M1A1 SA Abrams, 612 misiles antitanque Javelin con 200 lanzadores y 600 Stinger antiaéreos. Suma 18 sistemas HIMARS con misiles de 300 kilómetros de alcance, 25 F-16 Viper Block 70 y cuatro drones MQ-9B SeaGuardian.

Por proveedores, y con datos del SIPRI que recoge esa misma fuente, Estados Unidos aporta el 60 % de las transacciones, Israel el 24 % y Francia en torno al 10 %. Es un dato incómodo: Rabat se arma con el respaldo político de Washington, y ese respaldo pesa a la hora de que nadie en Occidente quiera abrir un frente diplomático por Ceuta.

Un HIMARS con alcance de 300 kilómetros cubre todo el Estrecho y buena parte de Andalucía. Un SeaGuardian vigila las rutas marítimas sin arriesgar tripulación. No hablo de invasión, y descarto ese escenario, pero sí de capacidad de disuasión y de coerción. Con ella, la próxima crisis se negocia desde otro lugar.

La comparación que tranquiliza y engaña

La fuente recuerda que España opera 219 Leopard 2E, 73 Eurofighter, 60 F-18 y 2.630 misiles Spike. Sobre el papel, el equilibrio convencional sigue favoreciendo a España. Eso tranquiliza a quien no mira más allá del catálogo.

El problema es que la guerra híbrida se libra por debajo del umbral en el que esos sistemas sirven de algo. Un Leopard no detiene a 70.000 civiles ni desmonta una campaña de desinformación. La ventaja convencional española es real, pero irrelevante para el tipo de conflicto que Rabat ha elegido. Marruecos lo sabe, y por eso invierte a la vez en armas y en presión migratoria.

Por qué Rabat gana tiempo

Marruecos aprovecha una vulnerabilidad interna española: la falta de consenso sobre qué es Ceuta, qué es una amenaza y quién decide. La fuente de Escudo Digital apunta a un paro juvenil superior al 30 % entre los menores de 25 años. Ese es el combustible que hace creíbles los flujos y, a la vez, la palanca que Rabat puede presentar como problema humanitario y no como decisión política.

Ahí está la trampa del relato. Cada vez que España responde con la valla, el reproche es humanitario. Cada vez que responde con diálogo, el resultado es una concesión. Nadie discute que las personas que cruzan merecen trato digno. Lo que hay que discutir es quién las empuja y con qué fin.

La ironía es que el mismo discurso de "guerra híbrida" que en la frontera oriental de la UE se acepta sin reparos para Bielorrusia, aplicado a Marruecos se considera exagerado. Esa doble vara es, en sí misma, una victoria de Rabat.

Qué debería hacer España

Argumosa propone reorientar la posición española sobre el Sahara, reforzar la presencia militar y elevar el caso a la ONU y a la UE como problema europeo. Comparto la última línea sin reservas y la primera con cautela: no se cambia de posición por impulso, se cambia cuando el coste de no hacerlo supera al de hacerlo. Ese cálculo, hoy, no está hecho en público.

Mi recomendación es más concreta. Primero, atribuir: cada incidente fronterizo debe documentarse con fuentes abiertas y trasladarse a Bruselas como una acción de un tercer Estado. Segundo, elevar el coste: condicionar cooperación económica y pesquera a que se cumpla el control fronterizo. Tercero, blindar Ceuta y Melilla con vigilancia permanente, no con refuerzos puntuales que llegan cuando ya han cruzado.

Cuarto, y menos vistoso: que el Estado tenga una unidad de análisis dedicada al seguimiento continuo de Marruecos, con métricas, alertas tempranas y trazabilidad de fuentes. Sin eso, cada crisis nos sorprende como si fuera la primera.

El precedente que nadie quiere recordar

Perejil, en julio de 2002, se resolvió en días y con una lección que Madrid archivó pronto: Marruecos prueba primero y retrocede solo cuando encuentra resistencia visible. Aquel episodio duró del 11 al 20 de julio y terminó con el statu quo restablecido. Veinticuatro años después, la prueba es mayor, el escenario más denso y la respuesta española, más tibia.

Hay una diferencia de fondo. En 2002 Rabat actuó con una docena de gendarmes y una bandera. En 2026 actúa con decenas de miles de personas, con el relato humanitario a su favor y con un arsenal recién comprado detrás. Quien piense que se trata de la misma partida, jugada otra vez, no ha mirado el tablero.

Lo que un analista debería vigilar desde hoy

Tres indicadores merecen seguimiento continuo con fuentes abiertas. El primero es la actividad en las redes sociales marroquíes que convocan cruces masivos, porque las convocatorias preceden al movimiento físico. El segundo es el despliegue de fuerzas de seguridad marroquíes en la frontera de Castillejos y Beni Enzar: cuando se retiran, algo se ha decidido. El tercero es el calendario diplomático, porque las crisis migratorias coinciden con negociaciones bilaterales sobre pesca, comercio o el Sahara.

Nada de esto exige información clasificada. Exige constancia, método y alguien que lea cada día lo que Rabat publica. La mayor parte de las señales está a la vista de todos, y solo falta quien las ordene antes de que ocurra el siguiente episodio.

Valoración

El rearme marroquí no anuncia una guerra convencional. Anuncia una negociación en la que Rabat llega con más cartas que nunca. Ceuta, en julio, fue el ensayo. España tiene la ventaja militar y ha decidido no usarla, lo cual es razonable. Lo que no es razonable es no utilizar ninguna otra palanca. Si el Estado sigue tratando cada crisis como una emergencia aislada, la siguiente llegará con menos aviso y más potencia de fuego detrás.

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