Sistema de misiles de artillería de cohetes desplegado en exterior, representando el rearme marroquí

El 7 de septiembre de 2026, The Olive Press publicaba un análisis que resume con precisión lo que los analistas españoles llevan meses advirtiendo: Marruecos está cerrando, a ritmo acelerado, la brecha militar que históricamente ha mantenido a España como potencia disuasoria neta en el Estrecho. No es una hipótesis de trabajo. Es una realidad documentada en contratos de armamento, imágenes de satélite y hojas de ruta de defensa aprobadas por Rabat.

Del pulso migratorio al argumento de los misiles

El 30 y 31 de julio de 2026, unas 72.000 personas cruzaron a nado hacia Ceuta en lo que constituyó el mayor episodio de presión fronteriza de la historia hispano-marroquí. El Gobierno de Sánchez tardó días en calibrar una respuesta, y aún hoy el debate público se concentra en la dimensión humanitaria del asunto. Bien. Pero hay otra dimensión que las cámaras de televisión no recogen: mientras esa operación se desarrollaba, Marruecos ya contaba en su arsenal con misiles de superficie capaces de alcanzar Sevilla.

No es retórica. Es geometría militar.

El arsenal: HIMARS, ATACMS y drones de largo alcance

En 2024, Marruecos firmó con Estados Unidos la adquisición de 18 sistemas de lanzamiento múltiple HIMARS y 112 misiles de superficie, con alcances que van de los 82 a los 305 kilómetros. Los ATACMS que integran ese lote tienen un alcance teórico de 300 km que, trazado desde el norte de Marruecos, cubre con holgura Sevilla, Córdoba y Granada. No Ceuta. No la frontera. El interior de España.

A esto se suman sistemas antiaéreos de última generación como el Spyder israelí y el Barak MX, helicópteros Apache y, sobre todo, una flota de drones que marca el cambio cualitativo más importante de la última década. Los Bayraktar Akinci de fabricación turca tienen un radio de misión de 1.000 kilómetros: cubre la totalidad de la Península Ibérica, las Baleares y las Islas Canarias. Los TB2 y los chinos Wing Loong operan en el rango de los 150-300 km, cubriendo con suficiencia Ceuta, Melilla, el Campo de Gibraltar y buena parte del arco mediterráneo español.

No es un ejército para defenderse. Es un ejército diseñado para proyectar poder.

España reacciona: el programa PULS y sus limitaciones

En octubre de 2023, el Gobierno aprobó una partida de 527,5 millones de euros para cubrir la carencia de artillería de cohetes de largo alcance. La solución elegida fue el sistema israelí PULS, que cubriría el hueco dejado por la ausencia española de HIMARS. El problema es el tiempo: los sistemas tardan años en llegar, en integrarse en la cadena de mando y en ser operativos de verdad.

Mientras tanto, Marruecos ya tiene sus HIMARS. O, para ser más preciso, tiene contratos firmados, entregas en marcha y tripulaciones en formación.

La ventaja cualitativa española en el aire se mantiene por ahora. España opera 461 aeronaves militares frente a las 260 de Marruecos, una diferencia significativa que incluye capacidades de combate superiores en términos de aviónica y sistemas de armas. Pero la superioridad aérea tiene un límite: si el adversario despliega sistemas antiaéreos avanzados como el Spyder o el Barak MX en masa, la ecuación cambia. Y Rabat lo sabe.

El escenario que nadie quiere nombrar: Ceuta, Melilla y las Canarias bajo alcance

El análisis estratégico honesto sobre Ceuta y Melilla no puede ignorar lo siguiente: ambas ciudades son territorios españoles rodeados de territorio marroquí, sin profundidad estratégica y con líneas de abastecimiento que dependen del correcto funcionamiento de los pasos fronterizos y del control del espacio aéreo adyacente. Si Marruecos decide presionar militarmente —y el escenario no tiene por qué ser una invasión convencional; basta con una demostración de capacidades— ambas ciudades son rehenes del arsenal marroquí.

Las Canarias presentan un problema diferente. No son ciudades en disputa territorial directa, pero la expansión del radio de acción de los drones Akinci las pone dentro del alcance de Marruecos por primera vez en la historia moderna. Eso cambia el cálculo de disuasión en el Atlántico oriental de forma estructural.

El rearme marroquí no se produce en el vacío: coincide cronológicamente con el incremento de la presión migratoria instrumentalizada, con el endurecimiento de las posiciones de Rabat sobre el Sáhara Occidental y con el acercamiento de Marruecos a potencias como Israel, que ha instalado en suelo marroquí capacidades de producción de armamento que preocupan a los servicios de inteligencia europeos.

El rearme como palanca de coerción en la guerra híbrida

La guerra híbrida no necesita disparar misiles para ser efectiva. Le basta con tenerlos. El arsenal de Marruecos funciona como un argumento implícito en cada negociación sobre pesca, sobre el Sáhara, sobre los flujos migratorios. Cuando Rabat abre o cierra el grifo de Ceuta, no lo hace en abstracto: lo hace con misiles de 300 km apuntando hacia el interior de España como telón de fondo.

La crisis migratoria de julio de 2026 debe leerse bajo este prisma. Setenta y dos mil personas cruzando a nado en dos días no es un fenómeno espontáneo. Es una demostración de capacidad de gestión —o de no-gestión deliberada— del flujo migratorio como herramienta de presión. El HIMARS en el depósito y la fotografía en el Estrecho son dos caras de la misma estrategia coercitiva.

España responde con instrumentos del siglo XX a una estrategia del siglo XXI. La cooperación policial con Marruecos, los acuerdos de readmisión y la diplomacia bilateral son necesarios pero insuficientes cuando el adversario ha decidido jugar simultáneamente en el tablero militar, el migratorio y el diplomático. La narrativa marroquí sobre la guerra híbrida intenta presentar el fenómeno como simétrico y bilateral, borrando la asimetría de poder en términos de presión fronteriza que ejerce Rabat. Esa narrativa es parte del mismo juego.

Qué debe hacer España: disuasión creíble y vigilancia permanente

Las respuestas necesarias son concretas. Primero, acelerar el programa PULS hasta que sea operativo antes de 2028, no después de 2030. Segundo, reforzar la presencia de la OTAN en el flanco sur: España lleva demasiado tiempo mirando hacia el Este porque es donde están las cámaras, no donde están sus vulnerabilidades más inmediatas. Ceuta y Melilla no tienen artículo 5 blindado por la presencia aliada. Tercero, invertir en capacidades de inteligencia y monitorización de actores que permitan anticipar movimientos en lugar de reaccionar después de que los hechos estén consumados.

Ese tercer punto es el más urgente y el menos visible políticamente. No genera fotos. Pero es la diferencia entre detectar una operación cuando está en fase de planificación o descubrirla cuando 72.000 personas ya están en Ceuta. DAVMAC desarrolla soluciones de inteligencia y monitorización para empresas e instituciones que operan en entornos de alta complejidad geopolítica; si necesitas mantener visibilidad permanente sobre actores y movimientos en el Estrecho y el Magreb, RivalPulse está diseñado exactamente para eso.

El rearme marroquí no es una amenaza futura. Es una realidad presente que ya condiciona la política española sin que la opinión pública lo tenga del todo claro. Ese es, precisamente, el objetivo.

Deja una respuesta